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El papel de la escuela en las masacres

La estructura y funcionamiento, el estilo de gestión de la conducción y los comportamientos de los docentes y demás adultos del establecimiento, definen el perfil más o menos violento de la escuela, afirma la investigadora Marina Gritta.

El clima organizacional es el primer indicio que tenemos que captar para inferir la peligrosidad de las acciones que pueden desplegarse en su interior, asegura la también asesora en Violencia Escolar.

La prevención no pasa tanto por realizar campañas explícitas contra la violencia, enfatiza, sino por trabajar a favor de facilitar la instauración de aquellos principios organizacionales que, al crear un clima armónico para la convivencia, obstruyan todo intento de despliegue de la espiral violenta.

A cada momento es posible intervenir, asegura, sin embargo, cuanto más exacerbado, es más compleja la intervención y menor la garantía de resolución.

“Hasta llegar a un punto de inflexión en la que ya nada es posible para evitar la detonación de un estallido en la que se produzca la muerte de estudiantes y adultos, y /o el suicidio de la víctima”.

Estos estallido hacen referencia a una manifestación súbita en apariencia imprevisible, asegura, que proviene de estudiantes sin historia previa de comportamientos agresivos.

Habitualmente no son detectados, agrega, porque la mirada esta puesta en sondeo de factores de riesgo individuales, que resulta insuficiente para captar un modelo de relación intersubjetivo.

Todo se centra, señala, en las características del sujeto y en la búsqueda unilateral de indicios previos a un comportamiento violento.

La conducta, aclara, no está regida exclusivamente por las características intrínsecas del sujeto, sino que confluyen en su gestación y exteriorización las interacciones que éste establece con los demás y con el contexto en que se encuentra inmerso.

Citando a un estudio realizado en Japón por la Agencia Nacional de Policía, la investigadora establece que de 22 crímenes brutales, en los que estuvieron involucrados menores de 25 años –entre enero de 1998 y mayor de 2000-  un total de 16 fueron de tipo inesperado, cometidos por alumnos de escuela secundarias sin antecedentes de delincuencia.

Marina Grita da a conocer una cita de ese estudio:

“Lo más significativo fue que 13 de los 22 jóvenes implicados en esos crímenes, habían sido víctimas de bullying, y que sólo se habían tomado medidas en cuatro de los casos. Estos datos demostraron que la experiencia de haber sido víctimas de intimidación y la inadaptación son factores determinantes, que no deben ser ignorados cuando se trata de crímenes brutales cometidos por menores (pp.113-114) Morita Y. (2002).”

Como vimos –comenta- el contexto organizacional incide en el accionar de los individuos y los grupos.

Muchas veces se demanda a maestros y profesores la tarea de resolver los conflictos dentro del grupo de alumnos a su cargo –dice- sin tener en cuenta si no son ellos mismos quienes los detonan o, en el caso contrario, si no están los docentes siendo víctimas de acoso de parte de sus superiores jerárquicos o colegas.

El acoso se caracteriza por la reiteración de las agresiones a lo largo del tiempo, dirigidas siempre a la misma persona o grupos de personas –establece- cuya tendencia es al incremento de intensidad.

“(Esta intensidad) puede llegar a un punto de intolerancia tal en las víctimas, que las lleven a quitarse la vida o ha hacerlo luego de atacar el entorno de forma indiscriminada”.

“El por qué de esta última reacción –explica- básicamente porque todo el grupo, jugando cada integrante un rol diferente, está implicado en el bullying, lo que genera que las víctimas perciban el contexto grupal como globalmente hostil”.   

Al abordar el tema de la familia -la investigadora argentina- señala que la conducta individual sólo puede comprenderse e interpretarse en el contexto en el que se expresa, pues es un proceso que combina las características personales en tanto sujeto, y la historia de experiencias vividas en su interacción con el medio social y organizacional.

Se apoya en una cita del investigador francés Debardieux (2002) quien asegura:

“Es obvio que no se puede negar la influencia que los factores familiares tienen sobre el comportamiento de los niños en la escuela, pero un estudio sueco (Lindstorm, 1995) muestra que la explicación no debe ser buscada en el nivel individual, sino en la acumulación de dificultades experimentadas de forma colectiva en las escuelas que no fueron capaces de crear un clima escolar suficientemente armonioso. Sólo un análisis contextual puede describir de forma completa las dificultades experimentadas, los problemas familiares son sólo una de las variables posibles (p. 72)”.

Gritta, Marina (2016). Bullying. Bases teóricas para intervenciones eficaces. En Prieto-Quezada, Ma. Teresa (2016). Investigaciones y propuestas de intervención sobre violencia escolar en Iberoamérica. México. Universidad de Guadalajara.

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