Cuento

La Santa Cruz y la contingencia

⁃ Me dijeron que se valía tocarla- dijo. Luego me enseñó un billete de quinientos pesos.

⁃ Se los iba a dar al padre para la limosna, comentó.

Tocar a la Santa Cruz fue un imposible este 3 de Mayo. Agentes de la Policía municipal de Villaldama custodiaron la reliquia religiosa, que viajó en la caja de un camioneta por calles y callejones de Villaldama. Dos jovencitas con cubre-bocas la acompañaban, sosteniéndola en medio de una alfombra de arreglos florales.El padre Filiberto Cervantes conducía el vehículo a una velocidad que apenas dio tiempo de Santiguarse.Son los vientos de los nuevos tiempos, la normas efímeras que nacen de una contingencia y que rompen con toda una tradición.
Atrás – en el tiempo- quedó la procesión multitudinaria, la subida al cerro de la Ermita. El ruido de los viejos juegos mecánicos, el olor de las fritangas, el baile del pueblo, la algarabía en las plazas, el estreno de ropa nueva y la coquetería de solteros y solteras.
No hubo encuentro de familiares arraigados con aquellos que volvieron a la tierra que los vio nacer, para alabar a la Santa Cruz.Una misa cibernética irrumpió a mediodía en teléfonos móviles y computadoras de escritorios.Así fue la ceremonia religiosa.
La vida ya no es la de antes, un virus nos agobia en todo lugar y cambia nuestras creencias y tradiciones.
Aquel hombre se guardó el billete, montó en su camioneta, piso el acelerador y siguió a la que transportaba la Santa Cruz, para verla aunque sea de lejos.
La Fe en los tiempos del coronavirus.

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