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Procrastinación académica: el hábito de postergar las tareas escolares

En lo que podría definirse como procrastinación académica, un 96 % de estudiantes de enfermería dejan para el último minuto el hacer las tareas escolares que les fueron encargadas por los docentes.

De acuerdo a un estudio realizado por los maestros Adela Alba Leonel y Julio Hernández Falcón, se encontró que este hábito tiene efectos sobre el desempeño académico, pues inicia o retroalimenta un circulo vicioso en el que el retraso de la tarea es el propósito.

“Se puede aseverar que (el procrastinador académico) busca la propia ansiedad que le produce el cumplir con la tarea en el último minuto”, afirman.

El investigador Alberto A. Alegre resalta que la postergación no conlleva necesariamente al incumplimiento de la tarea o del alcance de la meta, sino que ésta tiende a lograrse bajo condiciones de elevado estrés.

Según Alegre la actitud de postergar o aplazar la actuación en el contexto educativo tiende a volverse crónica en los estudiantes, y ésta se refleja en el retraso en la realización de una actividad o tarea, y la búsqueda de excusas para justificar dicha conducta (p.59).

Este fenómeno – según el investigador- también es conocido como el síndrome “para mañana” y entre las razones para que ocurra es el miedo a fallar y la evaluación de la tarea como aversiva.

El miedo a fallar consiste en pensamientos relacionados con no poder satisfacer las expectativas de otro, los propios estándares de perfección o por una carencia de la autoconfianza. Mientras que la percepción de las tareas como aversivas, no es otra cosa que valorar las tareas como aburridas o abrumadoras.

El estudio de Alba Leonel y Hernández Falcón se llevó a cabo con una muestra de 50 estudiantes de enfermería de la Ciudad de México. Los investigadores encontraron que del 100% sólo un 8% -8 de cada 100- siempre se prepara por adelantado para los exámenes, siempre revisa las lecturas el mismo día de clases. El 30% siempre cuando tiene un problema para entender algo busca ayuda.

“En lo que respecta a la escala de procrastinación, se observó que el 100% de la muestra a la que se le aplicó el cuestionario, incurren en algún tipo de postergación de actividades académicas”, expresan.

Se ha encontrado –dicen- que aproximadamente el 20% de la población universitaria norteamericana presenta procrastinación académica crónica; más aún el 50% así lo percibe.

Basándose en los estudios de otros investigadores, Alegre señala que se pueden distinguir dos tipos de procrastinadores en los tipos pasivo y activo.

El procrastinador pasivo o tradicional es aquel que se encuentra paralizado por la indecisión para actuar y culminar las actividades, metas o tareas en el tiempo establecido.

En cambio, el procrastinador activo es aquel que se beneficia del aplazamiento pues lo requiere para experimentar la presión del tiempo y terminar con éxito lo que se propuso.

Propuestas

Alegre propone favorecer en el alumno experiencias que desarrollen y refuercen la percepción favorable del propia eficacia dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje. Alba Leonel y Hernández Falcón proponen reforzar la tutoría académica y establecer programas los hábitos de estudio en beneficio del éxito académico y profesional del alumnado.

Para más información del artículo de Adela Alba Leonel y Julio Hernández Falcón, aquí.

Para más información del estudio de Alberto A. Alegre, ver este enlace.

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