Cuento

Timmy el vidrio feliz

Autor: Carlos Alejandro Olivares Rodríguez

En la cocina de un gran restaurante, llamado “La chuleta feliz”, instalado en una ruidosa y grande avenida, en la que transitan decenas de miles de carros al día, autobuses de pasajeros, taxis, personas apuradas para llegar a su trabajo, bicicletas y muchos vehículos más, se encontraba Timmy, un viejo, pero brillante y útil vaso de vidrio.

A Timmy le encantaba la rutina de todos los días, por la mañana lo llenaban de jugo de naranja y por la tarde y noche le gustaba que lo eligieran para ser el vaso en el que vertieran los refrescos más sabrosos.

Los fines de semana por la noche, servía vino, licores y cerveza, No se quejaba se la pasaba de lo mejor.

Timmy tenía muchos amigos, algunos más nuevos que otros, como el viejo Sam, quien era un vaso grueso, reluciente, con tonos azulados al fondo; también estaba Angélica una copa grande y adornada, donde regularmente servían vinos caros y sofisticados.

Había en ese tan frecuentado restaurante, un montón de vasos comunes muy agradables que eran amigos de Timmy, así como cucharas y tenedores que al cierre del negocio se la pasaban de lo mejor.

Era una cocina feliz, como cualquier otra, se divertían cuando los bañaban, les gustaba observar a las personas y aunque ellos no entendían el porqué de las cosas sabían que hacían bien su trabajo.

Timmy era un vaso muy especial, había estado ya en la cocina desde hace ya un par de años, algunos de sus amigos ya habían muerto, pues se rompían por accidente y eso le provocaba tristeza, aunque luego se le pasaba, ya que llegaban mas vasos y los hacía sus nuevos amigos.

No obstante, sabía que algún día a él le podía pasar eso, por eso el disfrutaba mucho su trabajo y su vida, amaba andar de mesa en mesa; que lo bañaran le parecía gracioso, decía que lo bañaban muchas veces al día, pero ya estaba acostumbrado.

El valoraba su vida porque no sabìa cuando se marcharía, sus amigos de la cocina eran muy buenos con él, por ejemplo Morty la cazuela le decía que es mejor ser vaso que estar caliente toda la jornada y algunos otros le decían que ya había estado mucho tiempo en la cocina y lo había hecho muy bien.

Pasaban los días, los meses y Timmy seguía siendo el más confiable de los vasos de la cocina, lo eligen para cualquier ocasión, incluso momentos especiales, pero un día ocurrió un desastre, el vaso Timmy había resbaló en la humedad de la mesa 8. Todo mundo es escuchó el romper de cristales como el presagio de una triste tragedia.

Los meseros lo recogieron y lo juntaron, ya que guardaban lo que se quebraba y lo mandaban a una fábrica cercana.

El vaso Timmy se rompió en muchos pedazos y sus amigos se pusieron muy tristes.

-Lo recordaremos por siempre, dijo Morty la cazuela.

Timmy murió feliz sabiendo que la pasó bien con todos sus amigos, que conoció muchos utensilios con grandes corazones metálicos y sentimientos muy agradables. Pensaba que ya no viviría más, pero pronto su alma de vaso se dio cuenta que había una vida después de ser vaso de restaurante.

Un días después del accidente, sus vidrios fueron fundidos de nuevo utilizados y se convirtió en parte de un parabrisas de avión.

-¡No lo puedo creer! dijo Timmy al volver estar vivo, se mostró eufórico al volar por los aires, eso lo hacía sentirse poderoso y agradecido con la vida.

Timmy recordaba que días antes era un simple vaso de restaurante y viajaba por los cielos visitando decenas de países.

Se sentía de lo mejor al volar a 10.000 metros de altura.

-Pensé que moriría, pero ya veo que no, decía.

Y aunque nadie le preguntara, solía decir que su existencia y objetivo de vida era disfrutar, estar agradecido y sonreír.

Hoy en día Timmy sigue su ciclo en la existencia aprendiendo cosas, ya lleva 3 mil horas de vuelo, viaja de Londres a Paris en un triz ¡de suiza a noruega incluso ha viajado de Estados Unidos a Japón.

Le encanta su nuevo trabajo, aunque a veces se le pegan molestos mosquitos, cuyo sabor nada tiene que ver con las bebidas del restaurante aquel.

-Estos no saben tan bien, comenta.

Timmy quiere averiguar como llegó a ser vaso de vidrio, aunque eso es más complicado, dice.

De repente se pone a filosofar: “Soy lo que soy y antes fui lo que fui”… y así pasa sus días viajando y filosofando, pero siendo inmensamente feliz.

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